“Algo más fuerte que la lava volcánica”

Estos días hemos sido testigos de un drama para muchas familias que han perdido sus posesiones, “devoradas” por la lava de un volcán en la isla de la Palma. A más de mil grados de temperatura, la lava se lleva por delante todo lo que encuentra, transformándolo en cenizas.

“… apartaos de mí… al fuego eterno… E irán estos al castigo eterno y los justos a la vida eterna” (Mateo 25.41 y 46).

Al margen de la tragedia que ello supone, al pensar en ese poder abrasador, en el sufrimiento que puede suponer estar cerca de esas altas temperaturas, me recuerda que la Biblia también nos habla de un sitio donde el fuego arde constantemente, inspirado en el “Gehena” (lugar real cerca de la muralla de Jerusalén), y se refiere al Infierno, como un lugar de tormento. Sin entrar al debate de si es o no un lugar literal, lo que la Biblia nos plantea son dos destinos para la humanidad: El Cielo y el Infierno. El paso a la eternidad conecta con lo más profundo de nuestro ser y sentir, y solo hay dos destinos y dos caminos. El camino al Infierno es el merecido por toda la humanidad, es el resultado de la decisión de dar la espalda a Dios, y por tanto, de vivir para siempre lejos de Él. No hay mayor tormento que ese. La alternativa es aceptar la Salvación que se nos ofrece a través de Jesús. Jesús es el Camino, es la Vida. Su muerte nos libra de la ira de Dios, y confiando en Jesús se nos abre el camino a la misma presencia de Dios, que es el Cielo de vivir para siempre en paz, en amor, sin sufrimiento ni dolor, en la auténtica felicidad.

Esteban Figueirido