Semana Santa en tiempos del coronavirus

Estamos viviendo una situación impensable hace dos meses. Un pequeño microorganismo ha puesto el mundo patas arriba y nos ha hecho ver la fragilidad del ser humano. Todo paralizado; las personas, en su gran mayoría confinadas en sus casas y evitando abrazarse, besarse para evitar el contagio. Y así hemos entrado en la Semana Santa, donde se celebra la muerte y la resurrección de Jesucristo.

Romanos 5:19 “Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos”.

Por la desobediencia de un hombre entró el pecado en el mundo trayendo entre otras cosas, las enfermedades con él. Por la obediencia de un hombre perfecto se introdujo en la Tierra la solución. La muerte de Cristo, el cordero sin mancha, perfecto, trajo una esperanza a los que estábamos perdidos por nuestra desobediencia a Dios. Es aceptando su muerte en nuestro lugar, arrepintiéndonos de nuestras malas obras, que podemos restablecer la relación con nuestro Creador.

Pero no solo murió, sino que resucitó para darnos esperanza y hacernos saber que esta vida es transitoria y nos espera una eternidad donde poder vivir con Él en auténtica paz, sin enfermedades ni aflicciones. Te animo a reflexionar sobre tu vida: la muerte es lo único que tenemos seguro en ella. ¿Sabes dónde estarás cuando mueras? Aún es tiempo de aceptar a Jesús como Salvador y Señor.

No hay nada mejor para ti en esta vida ni en la futura eternidad que dar este paso hoy.

 

Flor Sánchez

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