La disciplina en la iglesia local

En este mensaje encontrarás la respuesta al porqué, para qué, quién, cuándo y cómo de la disciplina en la Iglesia, tomando como referencia 14 situaciones que se dan en la Iglesia del primer siglo, recogidas en el Nuevo Testamento. En resumen, concluiremos que:

¿Por qué disciplinar?

Hay una necesidad de orden, sin disciplina se producirá un caos y un desvío de la Palabra y voluntad de Dios, con la consiguiente pérdida de bendición.

– ¿Para qué disciplinar?

Principalmente para restaurar a la persona. Guiarle al arrepentimiento y que sea perdonada corrigiendo la conducta desviada. También para proteger a la Iglesia y velar por la santidad.

– ¿Quién debe disciplinar?

Todo hermano es llamado a exhortar a otro que no anda conforme a la Palabra de Dios, pero es importante que uno sea espiritual, guiado por el Espíritu Santo y no por la carne. En muchos casos, la iniciativa de la disciplina vendrá de los pastores de la Iglesia, quienes tienen la principal responsabilidad de guiar a los miembros, cuidarlos y ayudar a que vivan conforme a la Palabra, pero el resto de la Iglesia debe implicarse en la medida disciplinaria que se aplique según el caso.

– ¿Cuándo, en qué situaciones disciplinar?

Hay diversidad de situaciones, pero podríamos resumirlas en aquellas donde algún miembro está persistiendo en pecar sin confesión ni muestras de arrepentimiento para el cambio, o ante errores graves doctrinales que lleven a confundir al resto de la membresía haciendo daño a su fe y pervirtiendo la sana vida cristiana.

– ¿Cómo disciplinar? ¿Con qué medidas, procedimiento y actitud?

Un buen modelo es: primero uno a uno, segundo con testigos, tercero se expone a toda la Iglesia. La actitud al hacer una intervención de este tipo siempre debe ser desde el amor al hermano, la humildad y el respeto.

Por Esteban Figueirido